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“Cuando se tiene detenido a un familiar, Es difícil preocuparse por la salud mental”: Germán Cerros, psicólogo


La experiencia de vivir la captura arbitraria de un ser querido, la separación de los padres y quedar bajo el cuidado de los abuelos o tíos, o conocer de la muerte de un familiar en un centro penitenciario. Son solo algunas de las situaciones que han vivido cientos de salvadoreños durante el régimen de excepción y que han hecho que muchos de ellos necesiten atención emocional.

Ahí es donde entra German Cerros, psicólogo del Instituto de Derechos Humanos de la UCA (IDHUCA), quien ha tenido la labor de apoyar a los familiares que han sufrido desplazamiento forzado interno a causa del acoso de las autoridades o por las capturas de sus parientes.

En esta entrevista, profundiza en las afectaciones que viven las personas, en especial mujeres y niños. Reconoce que ellos buscan primero la solución del problema jurídico antes que velar por su situación emocional, aunque eso podría traer problemas a largo plazo, si no son atendidos adecuadamente, como externaron en un reciente informe junto al Servicio Social Pasionista y Cristosal.

¿Cómo afecta el régimen de excepción a las familias salvadoreñas que sufren desplazamiento forzado interno o la captura de un ser querido?

Para hablar sobre la afectación de las víctimas, de cómo están viviendo, hay que considerar la dificultad de cada tema. En las entrevistas uno encuentra los indicios sobre dónde están más afectados. En la presentación del informe más reciente quisimos hablar de un tema más específico, en cuanto al desplazamiento forzado. Las mayores afectaciones que hemos encontrado son grupos familiares que les ha tocado esforzarse para salir de su lugar de origen, que a pesar de buscar en los centros penitenciarios a sus familias les toca resguardarse. Se desplazaron obligados por las fuerzas de seguridad, al encontrar bastante persecución. La afectación psicológica es compleja, porque hay personas que han mostrado cuadros de ansiedad, hay temor hacia las personas de seguridad, están viviendo el tema de la desesperanza álgida. Algunos tienen más de un año esperando a su familiar capturado y es difícil encontrar un panorama favorable en su estabilidad.

“Hablamos con las parejas (de capturados) y nos mencionan que el esposo se despierta en la noche, a veces gritando, pensando que aún está en un lugar desprotegido”.

¿Qué tipo de atención se le da a las personas que acuden en busca de ayuda emocional ante la desaparición o captura de un ser querido?

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que la gente viene con muchas necesidades y hay que darles prioridad. La gente también viene buscando una asesoría legal, que es lo que les está preocupando. Es difícil preocuparse por la salud mental cuando tienen un familiar detenido. Es difícil escuchar a una persona que viene rota, afectadas por el sistema político y el sistema de justicia. Se les ha defraudado y por mucho que han buscado ayuda, porque su familiar es inocente, no han tenido respuesta de las instituciones. Cuando vienen acá vienen rotas y con muchas necesidades porque están interesadas en salvaguardar la vida de su familiar. Activamos un protocolo con ayuda psicológica. En algún momento tenemos también los testimonios, el proceso terapéutico, pero muchos necesitan un proceso más complejo y continuado. Es un trabajo titánico porque excede la carga que puede tener un psicólogo.

¿Cómo se identifica a una persona que tiene ansiedad o depresión por el régime, pero que no lo sabe aún?

Hay dos escenarios. El primero es en cuanto a la socialización. Acá los salvadoreños hemos normalizado algunas expresiones de violencia que el Estado ha generado. Son cosas que hemos llegado a normalizar desde el contexto de la guerra y que es difícil identificar ciertas afectaciones cuando tenemos una población que está muy endurecida. A veces necesito endurecerme para poder sobrevivir a contextos como los que vivimos en el país y la premisa es salvaguardar la vida. Ahí viene la identificación de las afectaciones que está pasando la gente en el régimen, de cómo lo están procesando.

¿Cómo podemos vivir en un país en el que se le ha apostado mucho en la creación de leyes para proteger la niñez y la adolescencia y tenemos eventos en donde se afecta la salud mental de este sector? Es una ambigüedad. Como profesionales de la psicología nos debemos unir para atender esto, ver qué está pasando en el país y qué podemos mejorar para la población.

Se dice que las mujeres son las mayores víctimas en el régimen, porque ya no solo están pendientes del hogar, sino también del seguimiento a su familiar detenido y de proveer de insumos en el hogar, ¿así lo percibe usted?

Sí. Lo vemos porque son ellas las que se acercan a la solución de los problemas, a los institutos. Contabilizamos en el IDHUCA a 115 personas atendidas en el contexto del desplazamiento interno por el régimen de excepción y 70 son mujeres. Llegan exponiendo las diferentes necesidades psicológicas y otros tipos de necesidades, mujeres agotadas que están pasando por el tema de la desesperanza en un problema muy complejo. Teníamos un contexto histórico en el que las mujeres atendían el hogar y ahora están salvaguardando la integridad de su grupo familiar.

¿Cómo afecta este contexto a los niños? ¿Qué tipo de complicaciones puede tener en el desarrollo de su carácter y emociones al pasar por situaciones como la captura de sus padres o sufrir por ello una deserción escolar?

Es una parte muy dura la que nos toca enfrentar a los psicólogos sobre el tratamiento de niñas y niños. En cada niño hay muchos campos conductuales y hay muchos de esos niños que la están pasando muy mal, que a lo mejor los separaron de sus padres. Es complejo porque sabemos que hay deserción escolar, por niños que se han resguardado en sus casas. No es lo mismo porque no están saliendo a jugar a la calle, porque tienen mucho miedo. Hay que ver qué están diciendo las juntas de protección de la niñez y adolescencia, porque no se activó ningún protocolo, no se apersonó la PGR con respecto a esos procedimientos. Nos dimos cuenta que algunas juntas de vigilancia no sabían qué hacer con los niños, ha sido difícil desde esta trinchera, pero queda ese sabor de boca que se puede hacer más conociendo el contexto complicado que está afuera.

¿Este tipo de afectaciones emocionales puede conllevar al desarrollo de enfermedades en un futuro cercano?

El contexto del régimen aflora algún tipo de afectaciones o ha complicado las afectaciones que estaban presentes en las personas. Aquí han venido personas con cuadros físicos muy complejos, no me voy a detener mucho en ese tema porque me compete más la parte psicológica, pero podría decir que hemos tenido casos muy graves, sobre todo cuando han perdido a su familiar en prisión.

¿Cuál es el síntoma más común en las personas que sufren algún estrés postraumático por la detención o desplazamiento forzado?

Los seres humanos somos muy integrativos, utilizamos cosas para identificar la vida u otras están conectadas entre sí. Hay otras que son marcadas por el régimen de excepción o porque han sido obligadas a desplazarse. Si bien son afectaciones similares que tienen que ver con la desesperanza, por estar inconformes con el sistema de justicia o tener una tristeza muy profunda, cuando se pierde un familiar es como si te hubieran cortado una extremidad, por lo que el cuerpo lo siente y se tiene que reparar a sí misma. Otra afectación es la preocupación de mantenerse con vida todo el tiempo, que tienen que ver con síntomas con personas que se desplazan, sentimientos de opresión donde vayan.

“La gente vive el régimen de excepción de manera diferente, unos lo vemos desde un escritorio, un lugar privilegiado, mientras que otros sufren en carne propia”.

¿Debería el Estado proveer este tipo de atención psicoemocional?

Hay cosas que hay que aislar, sobre todo conocer qué es lo que están necesitando las personas en estos momentos y por ahora piden un debido proceso, que se les garantice que no habrá una decisión arbitraria o un abuso excesivo. ¿Qué tanto estamos preparados como sociedad para decir que una institución como tal, que es la que afectó a mi grupo familiar, pueda luego atender la salud de las víctimas? Nos toca responder como sociedad civil.

¿Por qué no hay una cultura de sanar la parte afectiva o emocional de las personas ni tampoco hay seguimiento ni en escuelas ni en universidades?

Tiene que ver mucho con cómo está configurado el poder actualmente en nuestro país. Es un poder político que en un momento dice cómo se tiene que lidiar con las emociones. Por ejemplo, culturalmente dice que las mujeres deben estar en la casa, que los hombres no tenemos derecho a llorar aunque nos han lastimado, que no podemos decir si alguien nos lastimó. No nos enseñaron a buscar esa sanidad, sino a callar lo que tanto duele y entumecernos para sobrevivir.

¿Puede una persona que haya pasado por traumas complicados sanar del todo o siempre tendrá secuelas?

No quiero hacer un símil, pero por ejemplo, las personas que experimentaron el conflicto armado y sufrieron la tortura… hemos trabajado sobre que el cuerpo estaba completamente alerta o había una capacidad en la mente para ver que algo pasa, estamos siempre alerta. Entonces, las afectaciones que vemos a las personas cuando ingresan a la cárcel, es por medio del cuerpo, porque están afectados mentalmente y emocionalmente. No es fácil entrar en prisión, no es fácil vivir en las condiciones en las que están y unos cuantos meses es suficiente para afectar significativamente a una persona. Otros soportan un poco más, pero el costo siempre será alto. Se refleja con pesadillas, en donde el cuerpo se ha sentido vulnerable y desprotegido. Hablamos con las parejas y nos mencionan que el esposo se despierta en la noche, a veces gritando, por lo que su cuerpo todavía está en un lugar de desprotección. Quizá nos va ayudar la literatura de las personas que sufrieron torturas durante la guerra y nos den un camino de cómo trabajar afectaciones que está provocando el régimen, pero no te puedo decir que es de la misma intensidad.

¿Cree que las afectaciones que genera el régimen son similares a las que habían con la violencia de pandillas?

No me gusta esa comparación porque al final todas las experiencias que viven las personas son muy particulares. Se viven de una forma específica Ahora es con cuerpos de seguridad que tienen sus elementos muy particulares, mientras que antes se trataba de violencia común. No se trata de definir cuál afectó más, pero a veces se hace un comparativo que no tienen nada que ver en las redes sociales, porque se viven de forma diferente. La gente vive el régimen de excepción de manera diferente, unos lo vemos desde un escritorio, en un lugar privilegiado, mientras que otros sufren la captura de un familiar en carne propia. La situación de acoso de pandillas fue muy grande, pero diferente.

¿Quién es?

German Cerros , psicólogo.
Trayectoria: Trabaja en el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana (UCA), con víctimas del régimen.



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Antea Morbioli

Hola soy Antea Morbioli Periodista con 2 años de experiencia en diferentes medios. Ha cubierto noticias de entretenimiento, películas, programas de televisión, celebridades, deportes, así como todo tipo de eventos culturales para MarcaHora.xyz desde 2023.

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